Por Diego Castañeda

Los últimos días mucho se ha discutido sobre el Conacyt, pero algo que está pasando de lado por poner la atención en otros asuntos es que existe un problema de fuga de cerebros entre los becarios mexicanos que estudian en el extranjero, muchos de ellos optando por no regresar y quedarse en los países donde estudian.

En primer lugar es importante reconocer que el problema está fundamentalmente relacionado con el mercado laboral mexicano. Si la economía no crece lo suficiente para generar nuevos empleos de calidad (en sectores modernos de la economía), entonces el capital humano que han adquirido estas personas no tiene espacio para desarrollarse o lo encuentran pero con un retorno bajo a la educación. Frente a este problema es obvio que muchos becarios mexicanos prefieren no volver, ya que el mercado laboral que enfrentarán no es favorable para ellos.

Este problema es especialmente preocupante en los campos de ciencia y tecnología, ya que el número de plazas para investigar y  el número de laboratorios de calidad internacional es reducido y ofrece pocas opciones de progreso en una carrera científica. Estos problemas no son exclusivos de México, prácticamente todo país en desarrollo los enfrenta, en el caso mexicano se agravan por la falta de crecimiento económico.

desarrollo científico

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Países como Corea del Sur, en los años sesenta y setenta, seguían una estrategia similar a la que hoy lleva México: ofrecer becas para estudiar en las mejores universidades del mundo bajo la promesa de volver. Corea en esos momentos era una economía en una expansión muy rápida y, por lo tanto, ofrecía buenas oportunidades al regresar, eso hizo que la política fuera exitosa.

Otros países, durante las últimas dos décadas, han optado por estrategias similares con algunos ajustes. Tal es el caso de Brasil durante los gobiernos de Lula y Dilma (política ahora abandonada por los gobiernos de Temer y Bolsonaro) y de China desde hace muchos años. La estrategia es sencilla pero depende también de una economía creciente: enviar a los jóvenes a estudiar fuera con contratos que garantizaban una plaza de investigación en una universidad o laboratorio, o un empleo en empresas o instituciones públicas. Las tasas de no retorno entre los becados naturalmente son menores porque están vinculadas a la garantía de empleo al regreso. Esta opción ha sido imposible de seguir en México ya que nuestra economía tiene mucho tiempo con un mal desempeño.

China le debe en buena medida su impresionante éxito en los campos científicos y tecnológicos a esta política, combinada con enormes inversiones en sus universidades, institutos y laboratorios. Su objetivo ha sido enviar jóvenes a prepararse para luego repatriarlos y ponerlos a trabajar en laboratorios que son iguales o mejores que los existentes en los países desarrollados. En un principio estos laboratorios eran escasos; no obstante, hoy China se ha vuelto uno de los países líderes en ciencia y tecnología y más y más jóvenes optan por estudiar en sus propias instituciones conforme su calidad rivaliza con la del resto del mundo.

Como los lectores notarán en estas historias, el factor más importante para su éxito, además de la voluntad política, ha sido un fuerte crecimiento económico. Se requieren muchas cosas para que un país se desarrolle rápido en las ciencias: cambios en las estructuras económicas, en la tecnología, cambios que requieren distintos procesos de difusión. Dar becas sin que exista forma de garantizar puestos al volver no va transformar el país en una potencia científica, eliminarlas tampoco va resolver el problema, necesitamos mejor capital humano. Podemos ser muy ambiciosos en nuestros objetivos en este campo: eliminar la dependencia, eliminar la fuga de cerebros, etcétera. Una condición necesaria pero no suficiente para que todo esto pase es que crezcamos más que sólo 2.3% en promedio durante décadas.

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda