Y he aquí otra entrega de Antitendencias Sonoras, el espacio en el que les compartimos aquella música que debido a su estética difícilmente escucharemos a través de los medios más populares, y que por ende no fácilmente vienen a ofrecer shows en nuestro país, pero que su música está ahí, fresca, vigorizante, con una sublime personalidad esperando aquellos oídos que siempre buscan algo nuevo, que no se conforman con sus gustos enraizados y hasta los culposos; para quienes vemos la música como un lenguaje, por lo tanto: infinita.

Esta ocasión hablaré a detalle de uno de mis pianistas y compositores favoritos. En realidad hace varios meses lo había incluido en la nota de Breve Introducción a la Música Contemporánea, pero vale la pena dedicarle una nota por aparte debido a la genialidad que representa hoy en día su música.

 

Lubomyr Melnyk

 

Lubomyr es un pianista y compositor ucraniano de 67 años de edad, por lo tanto han de deducir que actualmente se encuentra en aquellos años donde su experiencia da los mejores frutos intelectuales, en donde hay toda una acumulación de perfeccionamiento de la cual debemos sentirnos agradecidos de formar parte.

Lubomyr es reconocido principalmente por su ‘música continua’, una técnica que se basa en tocar un sin fin de notas a una velocidad extremadamente rápida, la mayor parte del tiempo con el pedal de sostenido para así crear interesantes armónicos al chocar las frecuencias entre nota y nota. Es por esta razón que las canciones muestran un sin fin de personalidades, por un lado tenemos los golpes directos, un ritmo que da base a las melodías que ejerce entre vuelta y vuelta, y que se complementan con los acentos de las frecuencias que se generan acústicamente en el lugar. Una técnica donde se le atribuye ser el pionero, de hecho escribió un tratado al respecto el cual tituló: Tiempo Abierto: El Arte de la Música Continua en 1981.

En 1985 Lubomyr logró dos marcas mundiales por haber logrado tocar cerca de 19,5 notas por segundo -en cada mano-, y por haber tocado entre 13 y 14 notas por segundo durante una hora completa. Considerado hoy en día como uno de los pianistas más ágiles en el mundo. Sin embargo, obviamente él no buscaba un reconocimiento de este tipo, sino que quiso dejar en claro que no debe existir alguna limitancia física en la interpretación del piano; tan sólo imaginen si algo así hubiera hecho algún compositor clásico, la gente hubiera quedado atónita y quizá lo tachaban como ‘no música’.

 

 

La música de Lubomyr abre un paisaje sumamente rico en detalles, un horizonte bastante profundo en donde podemos caer hipnotizados tras el fugaz movimiento de sus dedos y que va pintando en nuestra imaginación un mundo de profundidad y sentimiento.

Mientras vivió en París, Lubomyr compuso música para clases de danza moderna, sobre todo colaborando con Carolyn Carlson, de la Ópera de París, una reconocida coreógrafa norteamericana. Actualmente se le atribuyen a Lubomyr cerca de 120 obras, en su mayoría para piano solo, doble piano y pocos temas para orquesta. Yo logré conocerlo gracias a sus publicaciones en Erased Tapes Records, específicamente con su primer álbum publicado en dicha disquera Corollaries, un increíble álbum en donde colaboró Nils Frahm junto con Peter Broderick, además del artista Gregory Euclide, quien realizó el increíble arte del álbum, el cual pintó al mismo tiempo que escuchaba el bailar de los dedos de Lubomyr.

 

 

Vale la pena darse un clavado en el trabajo de Lubomyr, sólo debo advertir que como requisito está el abrir en su totalidad los oídos -si cierras tus ojos es un plus-, pero lo importante es imaginar su música como un paisaje, en donde cada nota puede ser un personaje, un objeto, un color, un olor, un sentimiento; ahora tengan en cuenta que en una hora puede tocar cerca de 93,650 notas, indudablemente tenemos mucho de dónde ir creando el mundo que él mismo sacar de nuestro sentir.

 

 

T: @hreveh

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