‘folklore’: El intento de Taylor Swift de pertenecer y conquistar un nuevo género musical

Apenas ayer, Taylor Swift sorprendió a todos cuando reveló el lanzamiento de su octavo disco de estudio, titulado simplemente folklore. El anuncio inesperado tenía una explicación constante en esta época: este nuevo álbum es producto de la cuarentena. Lo intrigante es la estética del disco, titulado tras un género con una larga tradición, con increíbles mujeres que han aportado al womenfolk de la magnitud de Joni Mitchell, Joan Baez, Kate Walsh, entre otras.

Para esta entrega, Swift reclutó a Aaron y Bryce Dessner (The National) para componer y orquestar; al inagotable Jack Antonoff (FUN. y Bleachers) para la composición de algunos temas; y finalmente, para una canción, a Justin Vernon (Bon Iver).

'Folklore' de Taylor Swift: Un intento en pertenecer y conquistar un nuevo género musical

Portada de ‘Folklore’, el nuevo disco de Taylor Swift.

Taylor Switf volvió a lugares que había dejado atrás, pero con un sonido diferente

Apenas en agosto del año pasado, Taylor lanzó Lover, un disco que la liberó de bastantes estereotipos sobre ser la del corazón roto o la ruda rompecorazones; refrescó sus letras y mensajes sobre ella misma, dejando atrás la imagen de desolada, traicionada y desilusionada.

Ahora, como un desafío para transitar entre géneros, descansar el superpop y lanzar canciones más íntimas y reflexivas, abre el disco con “the 1”, en donde desconcierta hallar la misma narrativa de corazón roto de la que creíamos se había liberado, en un track que es pop curado por Aaron Dessner. Para no ilusionarlos, es una constante en el disco: hay poco de folk, mucho pop, y está plagado de lugares comunes para Swift.

En la parte musical, los Dessner se encargaron de maquilar una versión minimalista de The National, mayormente en formato de pop orquestado, salvo en tres canciones que señalaremos adelante y se distinguen del resto.

Mientras tanto, a lo largo del disco, las letras de Taylor Swift están plagadas de lugares comunes y rimas sin esfuerzo, como en “the 1” o “cardigan”, donde escuchamos palabras genéricas que abundan:

And if my wishes came true
It would’ve been you
(…)
But it would’ve been fun
If you would’ve been the one

Hay canciones de Taylor Swift que se destacan del resto

Todo apunta, tras las primeras tres canciones, a que no encontraremos algo nuevo bajo lo que le conocemos a Taylor Swift. Sin embargo, con un piano tranquilo, abre “exile” con Bon Iver, en la que la narración de un desencuentro amoroso, resulta el momento más conmovedor del disco, en el que se nota más madurez en el trabajo que expresa una relación más palpable en la realidad, y el control de daños tras la ruptura.

La construcción de la canción es impecable, y emociona la dinámica entre sus voces como complemento:

Canciones como “mirrorball” y “my tears ricochet” siguen en una franca decepción en cuanto a lo que indicó Taylor Swift en su paso al folk. Estas canciones transcurren sin que muevan una fibra conmovedora y pueden funcionar en el fondo sin que busquen atraparte, aún con la mano de Antonoff, que aún con melodías simples, ha cautivado más en otros proyectos. El estándar era muy alto con sus antecesoras, sin embargo, vemos pocos momentos destacables.

Dentro de estos, y de nuevo girando con más claridad a las raíces del folk, llega “seven”, para una vez más ilusionar con letras más personales, referencias a Pensilvania, un coro pegajoso que parece más trabajado y sincero, sin rimas tan gratuitas como en las canciones pasadas. Está bien Taylor, creemos una vez más en este esfuerzo folk con piano y cuerdas. Funciona:

La influencia musical de The National es notable en este nuevo disco de Taylor Swift

Sin duda, será más sorpresa el nuevo sonido para los fans de la estadounidense que para los fans de The National. Sonidos recurrentes en la banda de Ohio, como el uso de cuerdas, metales y armonías en voces son la constante en ambos proyectos, pero los Swifties deberán abrazar este sonido más orgánico de una reina del superpop, un cambio completo de aires.

Quizás la huella que permanece en ella, son armonías sumamente pegajosas y pop, aceleradas, (notable en “august”) lo que a la vez la aleja de la tradición de folk a la que, al parecer, está intentando ingresar.

Otro buen momento de esta colaboración ecléctica es “this is me trying”, en la que inclusive esperamos que figurara Matt Berninger en cualquier momento, con la carga de The National muy presente.

También encontramos algunas versiones folk diluidas en música y letras por parte de Taylor Swift

De los lapsos menos agradables, “mad woman” e “illicit affairs” suenan a versiones diluidas en música y letras, con narraciones sin fuerza, y hasta las melodías tan presentes en Swift se desvanecen en este punto del disco. Empezamos a cuestionar la extensión: 16 canciones son demasiadas para esta exploración por parte de Taylor Swift. 

El folk no solo son guitarras con armónicas, su aportación lírica es otro valuarte que lo destaca de entre muchos géneros, con una misión sobre las palabras, ideas y conceptos que cargan las figuras del género. Encontramos una falsa aproximación en “betty”, que, aunque tiene una gran composición en lo musical, cuenta una historia de amor de verano que carece de frases siquiera para titular tus fotos en Instagram.

Este octavo disco de estudio es un intento por pertenecer a una tradición que claramente no es la que mejor le nace a Taylor, y no por titular a tu disco como un género, inmediatamente te incluyes como parte de la tradición. Los clichés en letras, lapsos sin mayores eventos (o conmovedores), en gran parte son llevados por la música y, en momentos atípicos, por alguna buena línea.