Un marco global de biodiversidad podría ayudar a restaurar 15% de ecosistemas en zonas prioritarias, con una reducción de extinciones en 60%.

Por Mariana Castro Azpíroz

“Nunca espero nada de ustedes y aún así logran decepcionarme”, seguramente diría Dewey si viera los resultados del más reciente intento por conservar la biodiversidad. Las llamadas “Metas de Aichi” consistían en 20 objetivos para alcanzar en 2020…pero, sorpresa: no se cumplió uno solo.

Parte del problema con las Metas de Aichi es que eran demasiado ambiguas. En lugar de fijar valores numéricos a alcanzar, o al menos definir un plan de acción, establecían ideas generales y dejaban que cada país se las arreglara tanto para diseñar protocolos como para financiarlos. Definitivamente no encontramos fallas en su lógica. Así que en diciembre de 2022 los representantes de 188 gobiernos se reunieron en Montreal en la COP 15 (15ª reunión de la Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica de las Naciones Unidas). Después de dos semanas de negociaciones, se adoptó el Marco mundial Kunming-Montreal de la diversidad biológica. Este nuevo plan busca restaurar los ecosistemas, detener la pérdida de biodiversidad y proteger los derechos de los pueblos indígenas a través de 4 objetivos generales y 23 metas específicas. Además, hace hincapié en el financiamiento de los programas.

Se la comieron los… humanos

De acuerdo al más reciente reporte de la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), hay 5 principales conductores de la actual crisis y todo comienza con la comida. Nuestro sistema alimentario es la primera causa de la pérdida de biodiversidad. La agricultura es el motivo principal por el cual ocurre la deforestación y la única razón por la que más del 85% de las 28 mil especies en peligro de extinción están en este estado. Pero, de manera general, el problema es el cambio de uso de suelo, ya que desde 1990 a la fecha se han perdido 420 millones de hectáreas de bosque para darle a la tierra fines tanto agrícolas como urbanos. Sumado a esto, afectamos los ecosistemas marinos al minar el suelo del océano.

La siguiente es bien conocida: el cambio climático. Hemos duplicado nuestras emisiones de gases de efecto invernadero desde 1980, lo cual ha aumentado la temperatura del planeta en 0.7° C y amenaza a 1 de cada 6 especies a nivel global. Pero resulta que una manera de reducir las emisiones es conservar y restaurar bosques y manglares, porque son almacenes de carbono. Al proteger estos ecosistemas se podrían reducir hasta 11.7 gigatoneladas de equivalentes de CO2 para 2030.

El tercer conductor de la pérdida de biodiversidad es la contaminación, tanto química como por desechos. Los hábitats más dañados son los de agua dulce y marina, y las especies más afectadas son plantas e insectos. La contaminación de los océanos por plásticos se ha multiplicado 10 veces desde 1980, afectando al 86% de las tortugas marinas, 44% de las aves marinas y 43% de los mamíferos marinos. Al final suman 267 especies de animales marinos afectados. Para dejar de arruinar todo lo que amamos, el Marco Kunming-Montreal propone disminuir el uso de pesticidas y reducir los desperdicios de alimentos a la mitad.

Dewey, ésa no es tu familia

Las especies invasoras son las que se establecen en un ecosistema que no es su hábitat natural y destruyen el balance. Interrumpen las cadenas alimenticias porque se nutren con la comida que debía corresponderle a otras especies y generan desechos que le afectan a los demás seres vivos. Además ocupan espacio y crean disrupciones en todos los niveles del ecosistema, al grado de reducir las poblaciones y contribuir a la extinción del 40% de todas las especies nativas desde el siglo XVII. Los humanos hemos trasladado especies a través de largas distancias y provocado que se introduzcan en hábitats a los que no pertenecen a través de viajes y el transporte de bienes.

Con nuestras acciones destructivas no solamente ponemos en peligro a la Naturaleza. El manejo no sostenible de especies silvestres amenaza a miles de millones de personas; especialmente, porque dependen de ellas directamente como su fuente de alimento, combustible e ingresos. Más de la mitad del PIB a nivel global depende de la Naturaleza. No es de sorprenderse entonces que el nuevo marco se centre en el eje económico, lo cual se refleja en varios de sus objetivos específicos.

Se acordó eliminar incentivos económicos que perjudican a la biodiversidad y aumentar los que fomentan la conservación y sostenibilidad; destinar 200 millones de dólares al año a financiar estrategias en pro de la biodiversidad; aumentar el flujo financiero de países desarrollados hacia países en vías de desarrollo en al menos 30 mil millones de dólares anuales; y buscar la evaluación y transparencia en empresas transnacionales para mostrar los efectos que sus procesos y cadenas de producción tienen en la biodiversidad.

¿Existe remedio?

Ante datos tan alarmantes quisiéramos solo hacernos bolita, pero la solución parece ser seguir directrices sumamente ambiciosas. De acuerdo al Marco Kunming-Montreal, para detener y revertir el daño que le hemos hecho a la Naturaleza, será necesario enfocarnos en 4 objetivos generales. El primero es detener la extinción de especies inducida por los seres humanos para 2030. Para 2050 se pretende reducir a un décimo el ritmo y riesgo de extinción de todas las especies y que además la abundancia de especies nativas silvestres se encuentre en niveles saludables y resilientes. La segunda meta es gestionar la biodiversidad de manera sostenible, así como mantener, mejorar y valorar los servicios ecosistémicos. Aquí destaca el papel de los pueblos originarios y comunidades marginadas, ya que por su cosmovisión tienen una relación con la Naturaleza que les da un rol como guardianes de la biodiversidad.

El tercer objetivo es compartir de manera equitativa y justa los recursos genéticos y sus beneficios. Esta información sobre diversas plantas, animales y microbios es la base de medicamentos y otros productos que salvan vidas. Finalmente, se pretende hacer accesibles los medios de implementación necesarios para poder aplicar el marco (incluyendo ciencia y tecnología, creación de capacidades y recursos financieros) a todos los países firmantes, especialmente los que están en vías de desarrollo.

A la fecha, se han declarado como áreas protegidas al 17% de las regiones terrestres y 8% de las marinas. México cuenta con 182 áreas naturales protegidas. Con el nuevo marco se pretende conservar y gestionar eficazmente al menos el 30% del área de la Tierra; además, restaurar 30% de los ecosistemas terrestres, costeros y marinos. La actividad humana ha llevado a un millón de especies cerca de la extinción. Con restaurar sólo 15% de los ecosistemas en zonas prioritarias se podrían reducir las extinciones en un 60%. Los estudios indican que es viable; sólo hace falta que todas las partes pongan manos a la obra para que en esta ocasión sí se cumplan nuestros propósitos.

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Mariana Castro Azpíroz estudió biología molecular en la UAM Cuajimalpa. Ha realizado investigaciones en colaboración con el Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC, UAM-X); además, se ha dedicado al cuidado y conservación de especies acuícolas endémicas. Desde 2019 se dedica a la divulgación científica y actualmente hace educación ambiental a través de redes sociales.

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