Desde que comenzó la pandemia, hemos visto ir y venir, tanto en México como en el resto del mundo, diversas series de desabastos. Recién empezada la emergencia sanitaria, por ejemplo, desapareció inmediatamente el papel de baño de los anaqueles de supermercados. En parte, por supuesto, porque la gente puede ser ridícula, pero también porque la incertidumbre de un encierro presuroso hacía muy difícil planear para los meses venideros. Igualmente, muy rápido fue que montones de personas acapararon cubrebocas KN95 y desinfectante, tanto para protegerse como para buscar hacer negocio a partir de la tragedia y el terror. Ni se diga de la falta generalizada, a ratos, de suministros para hospitales que han sucedido en muchísimos países. Una vez terminado el primer ciclo de la pandemia, las reaperturas simultáneas de chorros de economías e industrias en distintos puntos del planeta trajeron consigo otros problemas.

El primer gran desabasto que prendió las alarmas fue el de los chips semiconductores, mismo que ha detenido y ralentizado, hasta la fecha, sectores enteros como el automotriz, el de electrodomésticos y hasta el de los videojuegos. Junto con la aceleración económica a nivel internacional, eventualmente se empezaron a conjugar otros factores que han hecho que distintas ofertas no puedan alcanzar los niveles de demanda registrados a lo largo de 2021. Cambios bruscos en el clima, que se presentan como sequías o heladas, abonaron también a que incluso el maíz se vuelva carísimo. El gas, que le pega bien duro a nuestras carteras, también sufrió variaciones fuertes en sus precios a partir de su escasez a lo largo de los últimos meses. El más reciente caso de desabasto que ha brincado a titulares internacionales es el de la gasolina en Inglaterra esta semana.

¿Qué pasó?

Desde el lunes pasado se empezó a notar que una buena parte de gasolinerías en Inglaterra estaban cerradas. Ciudadanos, preocupados por los reportes, las abarrotaron para tratar de llenar sus tanques. A pesar de que Boris Johnson y el gobierno del Reino Unido trataron de comunicar que no había una crisis, la realidad reflejaba algo muy distinto. Colas interminables, poquísimas estaciones abiertas, disturbios y peleas entre consumidores se hicieron presentes en estos días. Y aunque hay problemas de abasto en todo el mundo, este fenómeno se está haciendo notar muchísimo más en la isla británica. El problema sí tiene que ver con los distintos procesos de recuperación económica post-covid, pero en realidad se ve magnificado por las consecuencias—hasta cierto punto dormidas por la emergencia sanitaria—que trae consigo la salida del Reino Unido de la Unión Europea, entre otras cosas.

 

El desabasto actual, técnicamente, no es de gasolina; más bien, hay escasez de conductores especializados. Faltan alrededor de 100,000 choferes para cubrir con los niveles de demanda actuales. Las causas de esto se explican, en gran medida, por tres factores. En primer lugar, es un sector que comienza a envejecer. El promedio de edad es de 55 y sólo el 1% es menor de 25 años; semanalmente se jubilan 2,000 trabajadores, pero reclutan alrededor de 1,000 nuevos. En segundo lugar, de la mano del punto anterior, las regulaciones para choferes de este tipo hacen que cada vez sea más difícil hacerse de una buena lana en el oficio; particularmente, por algunos candados que se imponen a número de horas que se pueden trabajar al mes. Por último, cerca de 20% de los conductores que faltan eran residentes de la Unión Europea que tuvieron que dejar Inglaterra a partir de Brexit. 

¿Sólo afecta a la gasolina?

Nada que le pegue a las gasolinas suele quedarse encapsulado en ellas nada más. Es un producto que trae consigo, la mayoría de las veces, una reacción en cadena de difícil contención. Como la mayoría de las cadenas de suministro dependen de transporte de carga, un desabasto de combustible hace que sea inviable mantener la operación de cualquier economía intacta. De saque, personas que dependen enteramente de automóviles para trabajar deben dejar de percibir ingresos automáticamente. El ejemplo más obvio es el de taxistas y repartidores. Pero lo cierto es que una gran parte de las economías de pequeña escala necesitan del movimiento de insumos, productos y personas para operar. Los retrasos y pausas se van acumulando y ocasionan, a su vez, todavía más retrasos y más pausas. 

Sin embargo, al tratarse de un desabasto de conductores y transportistas, más que de gasolina, la cosa se pone todavía más peluda. Los problemas logísticos de carga han puesto en jaque los movimientos portuarios del Reino Unido, desde mucho antes que estallara este problema en gasolineras. Lo mismo sucede con los anaqueles de supermercados y con el transporte de ganado y producción agrícola, un sector que mueve cerca de 9,500 millones de libras esterlinas al año y del que dependen cientos de miles de familias en las Midlands de Inglaterra, lejos de los centros urbanos de Londres y Manchester. De hecho, la Unión Nacional de Granjeros ya advirtió que en las próximas dos semanas podría haber una pérdida de hasta 150,000 cerdos que impactarán, previsiblemente, los precios de la carne en ese país.

¿Y qué sigue?

Hasta hace un par de días, más o menos 50% de las gasolinerías en Inglaterra permanecían con algún tipo de desabasto de combustible. Probablemente, a lo largo de esta semana que comienza se irá restituyendo el servicio poco a poco. No obstante lo anterior, aún permanece el problema de la escasez de conductores especializados en el Reino Unido. El gobierno de Johnson contempla expedir alrededor de 10,000 visas temporales de trabajo para paliar este problema; simultáneamente, el ejército pondrá a algo así como 150 transportistas al servicio de la iniciativa privada para apoyar con el suministro de gasolina. Pero esto sólo cubre 10% de la falta de choferes y apenas comenzaremos a ver cómo le pega a otros sectores el desabasto.

El campo inglés puede entrar en una crisis más grave si no se redireccionan adecuadamente los recursos de rescate para este problema. Pero, encima de todo, y esto es lo fundamental para entender el desabasto de gasolina actual en Inglaterra, lo que aún no sabe es cómo las políticas públicas post-Brexit se reacomodarán para solventar, sin recursos humanos suficientes, las demandas de una economía en recuperación todavía en medio de una pandemia global.

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Soy Raúl, pero la gente me conoce como Ruso. Estudié letras inglesas en la UNAM y tengo una maestría en periodismo y asuntos públicos por el CIDE. Colaboro en Sopitas.com desde hace más de seis años....

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