El final de una serie no es el fin del mundo, pero durante mucho tiempo sí fue el fin de un mundo. Hoy, ni siquiera eso y Stranger Things es el ejemplo perfecto de esto. Pero vamos por partes.
Decimos que el final de una serie no es el fin del mundo. Ningún título, hasta ahora, ha cargado con la enorme responsabilidad de mantener viva la televisión o el streaming como medio. Pero sí es el fin de un mundo. Y eso es importante. Importante para los fans, para la audiencia que invirtió años siguiendo a un grupo de personajes dentro de una historia que naturalmente debe terminar.

Un final no es sólo el último episodio: es una promesa que o se cumple o se traiciona. Es lo que nos confirma que lo que vimos durante las temporadas, tiene sentido, de que las emociones invertidas valieron la pena.
Sin embargo, el error que cometemos es hablar en presente como si ese pacto o acuerdo fuera inquebrantable. Decir que el final de una serie no es el fin del mundo, sino el fin de un mundo, antes era correcto; hoy ya no lo es.
El final de una serie no es el fin de su mundo
Dentro del sistema, el final de una serie rara vez significa el final de ese universo narrativo. La industria es así: si algo funciona, se exprime y se estira en proporciones ridículas hasta que la idea original pierde forma y sentido.
Este fenómeno no es nuevo, pero ahora es evidente. Ha ocurrido incluso entre las mejores producciones como Los Soprano. El capítulo final de la serie por allá de 2007 dejó un sabor amargo en una parte importante de la audiencia, pero aun así fue aceptado como lo que era: un final.
Abierto, ambiguo… pero un final. La cosa es que en 2021 llegó The Many Saints of Newark, una película precuela innecesaria que no sólo aportó poco, sino que reabrió viejas heridas. Así, el fin de Tony Soprano en la pantalla nunca fue realmente el fin de Tony Soprano. Y no sería extraño que, en algunos años, vuelva a aparecer con otra historia que le eche limón a la herida.

¿Se acuerdan del terrible final de How I Met Your Mother y de lo que hicieron después con How I Met Your Father entre 2022 y 2023? Ahí también quedó claro que la promesa del cierre, sobre todo si no fue satisfactorio, se “soluciona” con la explotación del mismo concepto. “No les gustó el final, pero apelemos a la nostalgia para desarrollar la misma idea con un ligero cambio“.
El caso de Dexter resulta todavía más evidente. Las críticas fueron severas con su final. “Final” entre comillas porque después llegaron Dexter: New Blood y Dexter: Resurrection, producciones que parece compiten por ver cuál nos da el peor cierre. La pregunta es: ¿para qué darle un final justo a una historia si se puede vender por la eternidad?
El final de Stranger Things
Y aquí es donde Stranger Things entra de lleno en la conversación. La quinta y última temporada de la serie de Netflix se estrenó entre noviembre y diciembre de 2025. En ocho episodios (nueve en realidad), se propuso cerrar la historia de Hawkins y de sus habitantes, tras años enfrentándose a una fuerza oscura proveniente del Upside Down: un cierre épico.
Pero hay finales insípidos, y luego está el de Stranger Things. Qué cosa tan terrible. Resulta frustrante porque estamos hablando de una serie que tardó casi una década en desarrollarse, construida a partir de la nostalgia, las referencias a la cultura pop y un montón de personajes.

Durante años ofreció momentos memorables, divertidos, a veces aterradores y bien musicalizados. Todo eso culminó en una secuencia de discursos repetidos, escenas incómodas y, no es exageración, la peor interacción entre personajes que se pueda imaginar.
La quinta temporada debía ser el punto más alto. No sólo porque Vecna representaba la amenaza definitiva, sino porque, por primera vez, todos los personajes que habían combatido el mal desde distintos frentes, estarían juntos.
Era la culminación casi natural de años de construcción narrativa. Pero paradójicamente, debieron dejarlos separados. En serio. A mí no me queda claro si el problema fue de dirección, de guion o de ambas cosas, pero la química entre los personajes desapareció. Incluso aquellos que habían funcionado bien en temporadas anteriores ahora parecían ajenos.

Ningún personaje fue indispensable
Aquí se hace evidente el mayor problema de los hermanos Duffer con Stranger Things: ningún personaje es verdaderamente indispensable. Tal vez influyeron los largos intervalos entre temporadas; la necesidad de expandir el universo a través de otros personajes (que luego no tuvieron ni un gramo de relevancia)…
Sea cual sea la causa, el resultado es el mismo: personajes reducidos a versiones planas de sí mismos, amalgamas aburridas e incapaces de liderar emocional o narrativamente la historia. Ni siquiera Eleven, el corazón de la serie.
El regreso de Kali es un bien argumento para esto. Su presencia parece que sirve para demostrar que Eleven no es única, que alguien más con habilidades similares también podría resolver el conflicto. Y sí, quizá no tendría el mismo impacto emocional pero, sean honestos: ¿la resolución de Eleven tuvo algún impacto emocional real?, ¿ustedes lo vieron?, ¿lo sintieron?

Podría argumentarse que Dustin es el personaje más relevante, al menos desde un punto de vista funcional. Es el único con el conocimiento científico suficiente para comprender el entorno y proponer soluciones. Pero incluso esa ventaja no es importante cuando otros personajes también llegan a conclusiones similares.
El caso de Joyce es especialmente doloroso. La forma en la que la desplazaron no es fatal, pero sí injusta. Durante la serie, fue un motor: buscó y encontró a su hijo, respondió preguntas, protegió a Eleven y cruzó medio mundo para salvar a Hopper. En esta última etapa quedó reducida a una madre sobreprotectora cuya función principal es animar a uno de sus hijos pero desde la banca.
Y luego está Erica Sinclair. Nos la presentaron en la segunda temporada y tomó fuerza en la tercera y cuarta como un personaje inteligente, sarcástico y audaz, pero terminó siendo completamente prescindible. Eso no significa que Erica se planteara para tomar el mando, pero era parte del desarrollo. Para la quinta y última temporada pudo no haber aparecido y nadie lo habría notado. ¿Por qué hacerle eso a sus propios personajes?

Ya no existen los finales justos
El final de Stranger Things no es el fin del mundo, ni siquiera es el fin de ese mundo. Hasta ahora tenemos confirmado un spin-off del que nos dicen que no repetirán personajes, pero sí universos. La diferencia es mínima.
Si a alguno por aquí no le gustó el final de Stranger Things, no es sólo por lo que fue, sino por lo que representa: la confirmación de que, mientras Netflix pueda venderlo, este mundo nunca tendrá un verdadero final. Y por eso la tan anunciada ÚLTIMA Y QUINTA TEMPORADA cerró de esa manera.
En un sistema donde todo debe continuar, expandirse o reinventarse, el final se vuelve un obstáculo. Y parece que los creadores son incapaces de cumplir su promesa.

Creemos firmemente que las historias que importan son las que se atreven a acabar. Las que respetan a cada uno de sus personajes. Los finales que cargamos con el paso de los años implican despedidas y nos dicen algo cursi, pero cierto: toda experiencia significativa es finita.
En ese sentido, Stranger Things no fracasa únicamente por cómo termina, sino por no atreverse a terminar de verdad. Su cierre parece más una pausa, algo que queda disponible, listo para exprimirse. La historia se convierte así en producto, y el recuerdo en catálogo. Era del streaming.
Nos dan un cierre que, insistimos, no es justo para su historia ni sus personajes porque ya está vendida (los números de Stranger Things son enormes); y porque necesitan que volvamos ahí para encontrar respuestas que, la experiencia nos dice, no vamos a encontrar. Una historia que no puede terminar nunca tampoco puede ser recordada para siempre.

